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Indagando en los parques, en los hospitales, De putrefacción termine, en cosa de tres años
En las estaciones de autobús, Y sus huesos, mondos, nos fueron entregados
En los mercados, En una caja de zapatos, con una etiqueta identificatoria.
Pues quería encontrarlo, Ahora reposan en el Cementerio El Ángel
Esa era la misión que se había impuesto en una de esas fúnebres bibliotecas de huesos
Antes que la muerte se lo lleve. a pocos bloques de donde mi madre duerme su sueño eterno.
Pero la muerte se llevó primero a tío Reynaldo La muerte, piadosamente,
De un cáncer al estómago, Ha acercado los huesos de dos seres que la vida separó,
Sin saber que mi padre lo había precedido en el último rumbo, Y sus nombres han vuelto a aproximarse
Y no fue sino mucho más tarde que mi hermana En el silencio de este Camposanto
Al fin encontró a mi padre Como cuando se vieron por primera vez
En una Fosa Común del cementerio de Miraflores Y se amaron.
Donde sus huesos misteriosamente habían venido a dar En ocasiones
Porque nadie había reclamado su cadáver. Mi hermana y yo llevamos flores,
La muerte A un sepulcro y el otro,
Que con callado pie todo lo iguala Y todavía sufrimos por su amor desgraciado,
Lo había sorprendido en un asilo municipal Que sin embargo dio maravillosos frutos.
Donde llevan a los locos que vagan por las calles de Lima En Memorial de Casa Grande, 2005
Y había muerto, enloquecido y solo,
Él, Octavio, Tachito, el poeta, el hermano mayor
Que había nacido en cuna de oro. CON UNA CAMIONETA LLENA DE CHICOS
Siempre pensé que moriría rodeado SOÑOLIENTOS
Como Maese Manrique
De sus hijos, hermanos y criados Con una camioneta llena de chicos soñolientos
Reconciliado con su terco destino Regresamos a Lima la tarde del domingo
Y cesaría la angustia Cuando la luz declina y en retrovisor
La loca angustia que desorbitaba sus ojos Se desdibujan pueblos polvorientos
Porque no quería morir como un fracasado Encallados como paquebotes en el desierto humeante
Y su muerte le cerraría para siempre Y de pronto avistamos el mar enrojecido
Las puertas de la Gloria. Mis hijos se despiertan balbucientes, nos tocan sus manitas
No reposó un instante en vida temblorosas
Acechando a la suerte en todos los caminos, Y la felicidad, salvajemente, nos roza con sus alas
En todos los concursos,
Esperando un cambio del destino Dó están ahora, amigo mío,
Los crepúsculos metafísicamente atormentados de París
Un premio, algo definitivo Dó mi psicoanalista
Que sacase su nombre del anonimato
Y le diese la paz. Ya no soñaba con el Premio Nobel, Que hurgaba con un palito mis llagas purulentas
Hasta hacerlas sangrar rojos fantasmas
Si no con la publicación de sus poemas Dó las mujeres espléndidas y locas
Que eran profundamente hermosos Que apasionadamente disputaban
Y cada día más bellos Mis despojos de poeta perdido entre dos siglos
Cuanto más desgraciada era su vida. Desamparado y cínico
Se sentía en deuda
Con nosotros sus hijos, Se han hundido en la bruma de los días
Y los recuerdos de nuestra infancia feliz lo atormentaban Las ocasiones desaprovechadas
Hasta hacerlo sangrar Los viajes minuciosamente desolados
Como un patriarca loco que ha perdido Los poemas que no fueron escritos
El paraíso inadvertidamente Las reconciliaciones perdidas para siempre
Por una mala mano en el tresillo Las ambiciones que no fueron colmadas
Un mal consejo, o una debilidad de temple Los hijos abortados sin un grito
Inconfesable.
Entonces quería estar solo, huía El pasado me asalta sin un ruido
de la familia, se confundía Desde el fondo del Misterio Inmenso e Insondable
en Lima entre los vagabundos, le aterraba Y sin melancolía se queda atrás tirado
Y le atraía como un destino escrito Entre dos luces de la carretera
La mendicidad al final del camino. No aceptaba Que avanza sin detenerse
El rol que todos querían para él: Así como crecen mis hijos implacablemente
El del abuelo sabio y respetado Y mi vida se llena de sentido
Que mora y aconseja en el hogar de su hija: prefirió Mientras regreso a Lima la tarde del domingo
Seguir en la batalla hasta el final, Con un puñado de niños soñolientos,
Irse a la calle Quemados por el sol, sucios de arena,
Esperando un milagro. Con huellas de divinidad en las narices…
Sus despojos En Nudo borromeo y otros poemas perdidos y encontrados, 2008
Fueron a dar a la Fosa Común,
Hasta que el proceso En la portada: Foto Archivo Caretas.
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