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VIAJEROS ANDINOS EN LA


                          CORTE DE LOS AUSTRIAS



               El historiador José Carlos de la Puente Luna (Lima, 1978)  ha publicado un apasionante estudio,
                                                                     *
             En los reinos de España. Viajeros andinos, justicia y favor en la corte de los Austrias (Lima, Instituto Francés
             de Estudios Andinos, 2022), que echa luces sobre la complejidad y los cambios de las élites indígenas
               en el Perú virreinal, a partir de su vinculación con los centros de poder de la monarquía hispana
             bajo el dominio de la Casa de Habsburgo. A continuación, fragmentos del capítulo inicial de la obra.


            DON MELCHOR HA MUERTO                                      más corto hasta la ciudad de Lima, en los llanos
                                                                       de la costa, para poner El primer nueva corónica y
            El 23 de mayo de 1610, la población de la ciu-             buen gobierno, su historia ilustrada, en manos del
            dad del Cuzco se regocijó con la beatificación             virrey Juan de Mendoza y Luna, el marqués de
            de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía             Montesclaros. Mientras trajinaba por los Andes
            de Jesús. Para representar a su república, los ya          centrales y se acercaba a Huancavelica, asiento de
            entonces llamados «indios» de la urbe llevaron             las célebres minas de azogue, Guaman Poma se
            en literas adornadas con plumas multicolores a             toparía con tres afligidas mujeres. En las semanas
            once caballeros nobles, quienes se desplazaron             previas, un sacerdote y extirpador de idolatrías ha-
            por las calles de la antigua capital imperial hasta        bía perturbado la vida cotidiana en su pueblo de
            la imponente iglesia jesuita de La Compañía, en           Santa Fe de Atunjauja, uno de varios «pueblos de
            la plaza principal que en tiempos incaicos se co-          naturales» o «de reducción» que se alzaban a lo
            noció como Aucaypata. Encabezados por su ca-               largo del camino real que unía al Cuzco con Hua-
            pitán don Alonso Topa Atauchi y vestidos «al tra-         manga y a Huancavelica con Lima. Con el pre-
            ge inca de cumbis ricos {…} con cetros reales en las       texto de descubrir huacas y entierros que los in-
            manos» y otras insignias imperiales, los nobles re-  Guaman Poma, 1615  dios todavía adoraban, este juez eclesiástico -nada
            presentaban a cada uno de los «once ingas deste reyno desde   menos que Francisco de Ávila- había venido exigiéndoles
            Topacinchipoca y Mancocapac hasta Vainacapac», así como   excesivos bienes y servicios a los feligreses locales. Sus exigen-
            a las respectivas casas reales que -se decía ya en ese entonces-   cias habían forzado a las tres mujeres a huir hacia el sur y la
            los antiguos reyes del Perú habían fundado para el lustre y   región minera, en dirección opuesta a la de Guaman Poma.
            orgullo de sus descendientes. El cronista anónimo, tal vez   Los viajeros se encontrarían en un punto intermedio, a la
            un jesuita, identificó a don Alonso como «tío de Melchor   vera de un camino. Las mujeres le comunicarían sus quejas
            Inca, que agora está en la corte». El cronista revelaba así la   a Guaman Poma, lamentándose por estar viviendo tiempos
            importancia que la estadía de don Melchor en la corte real y   muy duros y no tener nadie que las defendiera o compartiera
            en reinos lejanos de la monarquía hispana tenía para un pú-  su sufrimiento: «Quisá se dolerá nuestro Ynga que es el rrey.
            blico cuzqueño local, interesado en conocer qué legitimidad   No se acuerda de tanto lloro y don Melchor se a muerto».
            tenía Topa Atauchi para reclamar la posición principal -en   Efectivamente, Don Melchor Carlos Inca había falle-
            nombre de don Melchor- en el desfile de estos descendien-  cido inesperadamente en un convento cerca de Madrid en
            tes y parientes cercanos de los reyes. Como el narrador y su   octubre de 1610, apenas cuatro meses después de las fiestas
            público inmediato sabían bien, a don Melchor Carlos Inca,   realizadas en Cuzco en honor a Ignacio. La noticia de su
            el sobrino de don Alonso, le asistía el mejor derecho para   muerte salió de su séquito privado y recorrió unos diez mil
            ser nombrado capitán de esta fiesta pues, en tanto bisnieto   kilómetros, por canales desconocidos para nosotros, desde
            de Huayna Capac, último soberano inca incuestionado, y   la ciudad española de Alcalá de Henares, donde falleciera
            su único descendiente vivo por la línea masculina directa,   el príncipe inca, hasta los Andes sur-centrales en donde se
            superaba en rango a su tío don Alonso y a los restantes diez   cruzarían los caminos de Guaman Poma y las mujeres de
            caballeros, al menos según las nociones de primogenitura   Atunjauja en 1615. Su recuerdo no se desvanecería. Cua-
            y ascendencia legítima que se habían impuesto ya entre los   renta años más tarde, las invocaciones hechas al «Inca Don
            incas. Pero Don Melchor no pudo asistir a la ceremonia por   Melchor» volverían a aparecer en los rezos y conjuros de al-
            estar en España, a donde partiera ocho años antes debido   gunas mujeres acusadas de hechicería en la ciudad de Lima.
            en parte al riesgo político que, según algunos, conllevaba la   ¿Qué actores, redes e interacciones específicas trans-
            presencia continua de este príncipe inca en tierras peruanas.   portaron este tipo de información a través del océano
            El virrey lo había persuadido de que se dirigiera en persona a   Atlántico y del litoral del Pacífico hasta las ciudades en los
            la corte del rey en busca de favores y recompensas. Desde en-  Andes de la costa y tierra adentro? ¿Cómo se enteraron Gua-
            tonces, don Melchor permanecía al otro lado del Atlántico.   man Poma y sus compañeras de viaje de los asuntos de don
                Cinco años después de estas celebraciones, el cronista   Melchor en la corte y de su subsiguiente deceso en Alcalá?
            Felipe Guaman Poma de Ayala dejaría su nativa Huamanga,   ¿Cómo imaginaban o describían aquel lugar, las lejanas tie-
            otra región con importante presencia indígena en la sierra   rras ibéricas en general y, más específicamente, la corte del
            sur peruana, inmediatamente al norte del Cuzco. Sintiéndo-  rey en donde el príncipe inca había ido a buscar el amparo
            se demasiado viejo y cansado para emprender la travesía a la   real? Y lo que es aún más importante, ¿por qué razones esta
            corte real, pues decía tener 80 años para ese entonces, Gua-  noticia les resultaba relevante a ellos, a la nobleza incaica del
            man Poma se decidía más bien por efectuar un viaje mucho   Cuzco y a muchos otros súbditos andinos de ese entonces?


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