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Uno podría sentirse tentado de ignorar toda esta historia
del encuentro fortuito como otro más de los complejos arti-
ficios retóricos de Guaman Poma: a través de la voz de tres
mujeres anónimas andinas, el autor lanzaba un comenta-
rio político mordaz acerca de la situación de los habitan-
tes indios del reino. Él mismo enfatizaba que la situación
desesperada de los nativos solo encontraría alivio en el ser
gobernados por un rey justo y piadoso, un título que don
Melchor Carlos Inca podría haber heredado si su abuelo
Paullu Tupac Inca no hubiese renunciado a la mascapaycha.
Pero incluso en ese escenario, dilucidar los vectores, cana-
les y mecanismos a través de los cuales un hombre como
Guaman Poma, que jamás había dejado el Perú, se enteró
de la noticia del fallecimiento de Melchor, sigue siendo una
tarea histórica urgente. Después de todo, el agudo interés
que Guaman Poma tenía por «las cosas de España» en modo Serie del Corpus (detalle), ca. 1680. Museo Arzobispal, Cuzco
alguno era algo singular. Muy por el contrario, el prestar
atención al mundo que yacía más allá del reino de las In- metrópoli durante dos décadas, entre ellos el fallecimiento
dias, así como la conciencia de que las tierras y los pueblos en Valladolid de don Diego Luis de Moctezuma, el nieto del
que allí se hallaban formaban parte, junto con Castilla y último emperador mexica y la contraparte mexicana de Mel-
otras posesiones reales, de una entidad más amplia sujeta a chor. Un interés comparable por los asuntos transatlánticos
un poderoso monarca, destinado a presidir una monarquía de individuos pertenecientes a los grandes linajes prehispá-
universal, era un rasgo característico de otros hombres y mu- nicos hizo que Guaman Poma enumerara varias ramas de la
jeres de su rango y calidad. nobleza inca cuyos miembros, gracias a una serie de exitosas
En efecto, lejos del Perú, en México, don Domingo campañas legales que se remontaban a la década de 1540,
de San Antón Muñón Chimalpahin, historiador nahua de estaban ahora gozando de honores, pensiones y otros favo-
inspiración cosmopolita al igual que Guaman Poma, tomó res regios en lugares tan distintos del imperio como el Cuz-
nota de la misma beatificación en una entrada en sus Ana- co, Lima, Quito y Madrid. Guaman Poma nos legó incluso
les, apenas unos cuantos días después de las fiestas celebra- un buen dibujo de don Melchor Carlos Inca, el fallecido en
das en honor de Ignacio. Luego de mudarse a Ciudad de Alcalá, a quien retrató con vestimenta española y al parecer
México en 1593, Chimalpahin, originario de la región de en la corte real. En la nota descriptiva que acompañaba a
Chalco-Amecameca, registró meticulosamente aconteci- esta imagen informó a sus lectores que «con estos prínci-
mientos importantes ocurridos en la Nueva España y en la pes habla el señor rrey enperador». Guaman Poma llevaba
razón: el rey efectivamente «habló» con Melchor, a quien le
concedió el título de caballero y la dignidad de gentilhom-
bre de boca en la mesa del rey, un honor gracias al cual el
príncipe inca se sumó a las filas de los cortesanos de Felipe.
El viaje de Melchor a España y muchos otros periplos
similares sirvieron de inspiración a este libro. Su centro de
interés son los viajes efectuados por súbditos «indios» del
distrito de la Real Audiencia de Lima -cuya sede se encon-
traba en una de las ciudades más grandes e importantes del
imperio español- a la corte real de los Habsburgo y de regre-
so a los Andes. El estudio abarca un lapso que se extiende
desde las primeras expediciones de conquista al reino de los
incas en la década de 1530 hasta el ocaso de la dinastía de
los Habsburgo a finales del siglo xvii {…}.
A pesar de su naturaleza parcial, estos testimonios
abren una ventana que nos permite entrever algunos de los
procesos modeladores de las múltiples experiencias de los
nativos andinos que vivieron bajo el dominio español. Un
movimiento sin precedentes de personas, bienes e ideas a
través del Atlántico marcó el inicio de la Edad Moderna.
Los viajeros de ultramar, en particular, tejieron las redes de
los imperios europeos del periodo. Los nativos andinos for-
maron parte de este flujo, en especial los llamados «indios»
que viajaron a la corte de los Habsburgo.
*Estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú y se doctoró
por la Texas Christian University, Forth Worth. Es profesor en la Univer-
sidad del Estado de Texas, donde dirige el programa de posgrado. Ha
publicado Los curacas hechiceros de Jauja: batallas mágicas y legales en el Perú
colonial (2007), El quipu colonial: estudios y materiales (2013) y El taller de la
idolatría: los manuscritos de Pablo José de Arriaga SJ (2022). Su libro sobre
los viajeros andinos, publicado en inglés en 2018, ha sido traducido por
Javier Flores Espinoza. Por razones de espacio, se omiten las citas.
En la portada: Escudo de armas concedido por Carlos V a los incas Gonza-
lo Hualpa y Felipe Tupa Inga Yupanqui. Archivo General de Indias, Sevilla.
Don Marcos Chiguantopa Inga, s. xviii. Museo Inca, Cuzco
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