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VARGAS LLOSA PERIODISTA


                        LA PASIÓN Y LA CRÍTICA



                 Cinco gruesos volúmenes reunirán, de manera temática, los principales artículos escritos por
             Mario Vargas Llosa a lo largo de más de sesenta años. Lector y espectador apasionado y disciplinado,
                  el periodista que es también Vargas Llosa ha sabido compartir en centenares de textos una
                privilegiada información sobre el mundo y la cultura, con la agudeza crítica que lo caracteriza.
             El ensayista colombiano Carlos Granés* está a cargo de tan esperada compilación. Aquí, fragmentos
               de su prólogo al primer tomo de la Obra periodística, que lleva por título El fuego de la imaginación.
                                  Libros, escenarios, pantallas y museos (Madrid, Alfaguara, 2002).

            Leer y escribir ficciones                                      tiene tiempo libre. Nada de eso. La lectura
                                                                           para Vargas Llosa es parte de la experien-
            No exageraba aquel 7 de diciembre de 2010                      cia, más aún: es una manera de prolongar
            cuando dijo que lo más importante que le                       la vida y de llevarla por lugares improbables,
            había ocurrido en la vida, a los cinco años                    incluso peligrosos, que enriquece de la mis-
            de edad, había sido aprender a leer. Mario                     ma forma en que lo haría una gran aventura
            Vargas Llosa se dirigía a los académicos sue-                  o una gran pasión.
            cos que habían premiado con el Nobel su                            En otras palabras, no se lee para des-
            abrumadora carrera literaria, esos miles de                    cansar  de  las ocupaciones  que  impone  la
            páginas que a lo largo de medio siglo ha-                      existencia. Se lee para todo  lo contrario:
            bía escrito con un vuelo y un pulso y una                      para vivir más, para gozar más, para trans-
            técnica fuera de lo común, y las primeras                      gredir las limitaciones  del  tiempo y del
            palabras que salían de su boca rendían un                      espacio a las que se ve sometida toda vida
            pequeño homenaje al cura cochabambino                          humana. Y cuando digo «se lee», también
            que le había revelado el secreto oculto en los                 podría decir «se ve», porque una buena
            caracteres del alfabeto.                                       obra de teatro o una buena serie de televi-
                No era un gesto gratuito. Vargas Llosa                     sión pueden tener el mismo efecto. Se leen
            estaba señalando el vínculo íntimo, de sobra                   y se ven ficciones para salir de sí mismo y
            conocido, que hay entre la lectura y la escri-                 vivir lo que de otra manera sería imposible
            tura, y de alguna manera reconocía que su                      de experimentar.
            oficio como escritor había derivado espontáneamente de   Una carencia profunda y trágica nos persigue. Tene-
            esa pasión lectora. No me lo invento yo, él mismo lo dijo:   mos muchos más deseos, ambiciones y apetitos de los que
            «Las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de   podemos satisfacer. Nuestra condición real siempre palide-
            las historias que leía». Solo talentos muy extraños y parti-  ce ante la imagen ideal que tenemos de nosotros mismos.
            culares -pienso en el poeta Mayakovsky- surgen de la nada,   No nos alcanza la vida, la existencia concreta es poca cosa
            sin insumos literarios ni referentes estéticos que formen la   comparada con todo lo que nos gustaría ser y hacer, con
            sensibilidad o contagien el interés por la escritura. Y ese,   todo lo que nos gustaría experimentar y lograr. Y por eso
            claro está, no era el caso de Vargas Llosa.        existen novelas, menos mal, pues en ellas podemos refu-
                Más bien todo lo contrario: el suyo era un vicio pre-  giarnos para compensar esas carencias y vivir esas vidas que
            coz. A él se entregó impunemente desde que sus facultades   en suerte o en desgracia nos fueron negadas, que no nos
            se lo permitieron, y en él sigue recayendo en edades serias   tocaron, que no fueron la nuestra.
            y respetables con un interés y dedicación crecientes. Quien   Esta verdad profunda se le reveló a Vargas Llosa muy
            haya tenido el privilegio de ojear alguna de las bibliotecas   pronto en la vida. La literatura respondía a la insatisfacción
            que fue sembrando por el mundo, sabe perfectamente que   del ser humano, a la frustrante imagen de una existencia
            cada libro que pasa por sus manos recibe un comentario y   limitada por los compromisos y la vida en sociedad. Su-
            una calificación, y que no le tiembla el pulso ni la retina a   mergiéndose en las ficciones, viviéndolas, el lector podía
            la hora de enfrentarse a los quince, veinte o treinta tomos   satisfacer de forma vicaria pulsiones turbulentas, anhelos
            de las obras completas de algún autor, de los que analiza   antisociales, ansias de trascendencia. De la manera más im-
            la estructura y la trama de sus novelas, o en los que sopesa   pune, sin poner en riesgo nada ni a nadie, podía meterse
            y pelea cada uno de sus planteamientos. Su más reciente   en la piel del asesino, del perturbado o del justiciero. Mien-
            empresa lectora lo corrobora: los cerca de cien títulos que   tras contáramos con esa ventana de escape a otros mundos
            componen las obras de Pérez Galdós.                y a otras vidas llenas de intensidad, de aventura, de pulsión,
                Pero lo sorprendente no es tanto la cantidad o el nú-  incluso de maldad, nuestros anhelos más salvajes se verían
            mero de libros que ha leído Vargas Llosa, sino su forma   domados y nuestros vecinos podrían dormir tranquilos.
            de leer, la savia o la esencia que extrae de cada novela o de   El asunto crucial era entonces la insatisfacción huma-
            cada ensayo que acapara su atención. Uno podría pensar   na. Como explicó en otro célebre discurso, «La literatura
            que la lectura es un simple pasatiempo elevado, un vehícu-  es fuego», pronunciado en 1967 al recibir el premio Ró-
            lo a la cultura o un hábito placentero, y sí, desde luego que   mulo Gallegos, nadie que estuviera satisfecho de sí mismo
            es todas esas cosas, pero para Vargas Llosa es algo más. Esto   o adaptado al mundo encontraría motivos para negar lo
            es importante entenderlo. Leer no es algo que se hace al   existente inventando una realidad ficticia. Se leía y se escri-
            margen de la vida, cuando se suspenden las actividades o se   bía por una razón similar, porque la literatura era un acto

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