Page 3 - Boletininternacional153
P. 3
de rebelión. Contradecía la realidad real -la obra de Dios,
si se quiere- imponiéndole una realidad ficticia que la co-
rregía, la desmentía o la transfiguraba con los añadidos
subjetivos del escritor: sus demonios y obsesiones. Aquí
afloraban las inclinaciones románticas de Vargas Llosa,
que ya se habían manifestado en su conspicua curiosidad
por el malditismo y en la pasión desmedida que siempre
ha sentido por Victor Hugo. Marginal, rebelde, contradic-
tor, deicida, arquitecto de obras totales: esa fue la visión
del escritor con la que dio sus primeros pasos y fraguó sus
primeros éxitos literarios {…}.
Más que cualquiera de sus contemporáneos, Vargas
Llosa se preocupó por entender los mecanismos que gene-
ran esta ilusión y por afilar las herramientas literarias más
útiles para crear ficciones ambiciosas, sólidas y persuasivas.
La amplia selección de artículos y ensayos sobre autores
latinoamericanos, franceses, estadounidenses, españoles y
de otras nacionalidades que componen la segunda sección
de este volumen, demuestra que la lectura atenta de los
otros le sirvió para encontrar diferencias y afinidades con
su propio proyecto {…}.
Una vida como espectador Vargas Llosa en el Museo del Prado, Madrid, 2019. Foto: El País
Aunque la lectura y la escritura han sido las ocupacio- dejarse atravesar por los cismas modernos -el apremio por
nes principales de Vargas Llosa, al arte, al teatro, al cine, y la experimentación, la innovación formal y la transgresión-
más recientemente a las series de televisión, también les ha y sin embargo contraer deudas enormes con las grandes
dedicado considerable tiempo e interés. Es bien sabido que obras narrativas del siglo xix. Para Vargas Llosa era muy
su primer amor no fue la novela, sino la dramaturgia, y que importante vivir a fondo su época; desafiarla, incluso, con
el primer texto consistente que salió de sus manos fue La innovaciones artísticas, pero no por ello iba a negar o a
huida del Inca, un drama que él mismo dirigió y presentó perder la estela de la tradición.
en Piura a los quince años de edad. De haber habido una Las críticas que Vargas Llosa empezó a hacer en los
escena teatral fuerte en el Perú, muy probablemente esa noventa al arte contemporáneo derivaban de esa forma de
hubiera sido su primera opción, las tablas, los textos para entender la cultura. Obliterando por completo el pasado,
ser interpretados, pero no fue el caso {…}. como había ocurrido en la plástica a partir de Marcel Du-
Ese amor pospuesto por el teatro fue compensado champ (en uno de los ensayos recogidos en la sexta parte,
durante muchos años con una asistencia asidua a los esce- el escritor se preguntaba en qué consiste su famosa genia-
narios, y con piezas periodísticas en las que comentaba las lidad), se arrasaban por completo los criterios que per-
obras que más le habían interesado. Desde muy joven Var- mitían juzgar una obra de arte. El éxito de las creaciones
gas Llosa se convirtió en un espectador obstinado, atento empezaba a depender de factores externos, como el escán-
a las nuevas propuestas escénicas y a las corrientes teóricas dalo, la propaganda, el mercado, la teoría o las supuestas
e ideológicas que nutrían las vanguardias de los sesenta. críticas, no del todo descifrables, que una obra hacía a los
Con los años llegó a sentarse frente a los escenarios y las males de la sociedad, pero desde luego no de la obra en sí
pantallas unas cuatro o cinco veces por semana. Agotar las ni la manera en que continuara o desafiara una tradición.
carteleras de teatro y de cine, verlo todo de la misma forma Sin ningún criterio y sin ningún referente que permitiera
en que intentaba leerlo todo, no era un reto desagradable emitir juicios sustentados, la impostura ganaba terreno a
ni difícil. Menos aún si las exposiciones, las obras y las pe- la dedicación y al genio {…}.
lículas -también las exhibiciones de arte- se convertían en Lo que sigue de aquí en adelante son las reflexiones
el tema de las columnas que desde París o Londres escribía maduradas a lo largo de una vida dedicada a la lectura de
para los medios peruanos. La tercera, cuarta y quinta parte novelas, a la contemplación del arte, del teatro y del cine.
de este tomo dan cuenta de esa febril actividad como crí- No solo el testimonio entusiasta de intensas horas de placer
tico cultural, una faceta menos conocida en su trayectoria o de digestiones felices después de haber leído o visto los
intelectual, que sin embargo arroja interesantes reflexio- frutos de la fantasía. También es una aproximación com-
nes para entender la evolución estética e ideológica de las prensiva a la condición humana, a su mundo subjetivo -sus
sociedades occidentales {…}. valores, conflictos, deseos, anhelos y preocupaciones- y a la
En cuanto al campo de las artes plásticas, su labor crí- manera en que han dejado su huella en la historia. No sé si
tica no ha sido menos ambiciosa ni constante. Los gran- el futuro se pueda leer en la palma de la mano, en los pozos
des genios individuales, esos creadores que alumbraron el de café o en los arcanos del Tarot. El presente, en cambio,
siglo xx con su furia y descontento, atrajeron siempre su y de esto no tengo dudas, se puede intuir en el fuego de la
atención. Entre ellos Picasso, desde luego, un artista en el imaginación. Y ni siquiera hace falta ser un mago o tener
que Vargas Llosa admiró siempre su capacidad para rein- poderes para ello. Basta -y este volumen lo demuestra- con
ventarse, transgrediendo todos los estilos, incluso los que él ser un lector y un espectador apasionado y crítico.
mismo había inventado, sin por ello negar sus deudas con *Nacido en Bogotá, en 1975, es doctor en antropología por la Universidad
el pasado ni perder un hilo de continuidad con la tradición Autónoma de Madrid y la Universidad de Berkeley. Ha publicado Delirio
artística. Eso mismo fue lo que Vargas Llosa se propuso ha- americano (2022) y otros libros de ensayos.
cer en el campo literario. Vivir la turbulencia del siglo xx, En la portada: Vargas Llosa en Londres, 2007. Foto de Fiorella Battistini.
3

