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de rebelión. Contradecía la realidad real -la obra de Dios,
            si se quiere- imponiéndole una realidad ficticia que la co-
            rregía, la desmentía o la transfiguraba con los añadidos
            subjetivos del escritor: sus demonios y obsesiones. Aquí
            afloraban  las inclinaciones  románticas de  Vargas Llosa,
            que ya se habían manifestado en su conspicua curiosidad
            por el malditismo y en la pasión desmedida que siempre
            ha sentido por Victor Hugo. Marginal, rebelde, contradic-
            tor, deicida, arquitecto de obras totales: esa fue la visión
            del escritor con la que dio sus primeros pasos y fraguó sus
            primeros éxitos literarios {…}.
                Más que cualquiera de sus contemporáneos, Vargas
            Llosa se preocupó por entender los mecanismos que gene-
            ran esta ilusión y por afilar las herramientas literarias más
            útiles para crear ficciones ambiciosas, sólidas y persuasivas.
            La amplia selección de artículos y ensayos sobre autores
            latinoamericanos, franceses, estadounidenses, españoles y
            de otras nacionalidades que componen la segunda sección
            de este volumen, demuestra que la lectura atenta de los
            otros le sirvió para encontrar diferencias y afinidades con
            su propio proyecto {…}.

            Una vida como espectador                              Vargas Llosa en el Museo del Prado, Madrid, 2019. Foto: El País

                Aunque la lectura y la escritura han sido las ocupacio-  dejarse atravesar por los cismas modernos -el apremio por
            nes principales de Vargas Llosa, al arte, al teatro, al cine, y   la experimentación, la innovación formal y la transgresión-
            más recientemente a las series de televisión, también les ha   y sin embargo contraer deudas enormes con las grandes
            dedicado considerable tiempo e interés. Es bien sabido que   obras narrativas del siglo  xix. Para Vargas Llosa era muy
            su primer amor no fue la novela, sino la dramaturgia, y que   importante vivir a fondo su época; desafiarla, incluso, con
            el primer texto consistente que salió de sus manos fue La   innovaciones artísticas, pero no por ello iba a negar o a
            huida del Inca, un drama que él mismo dirigió y presentó   perder la estela de la tradición.
            en Piura a los quince años de edad. De haber habido una   Las críticas que Vargas Llosa empezó a hacer en los
            escena teatral fuerte en el Perú, muy probablemente esa   noventa al arte contemporáneo derivaban de esa forma de
            hubiera sido su primera opción, las tablas, los textos para   entender la cultura. Obliterando por completo el pasado,
            ser interpretados, pero no fue el caso {…}.        como había ocurrido en la plástica a partir de Marcel Du-
                Ese amor pospuesto por el teatro fue compensado   champ (en uno de los ensayos recogidos en la sexta parte,
            durante muchos años con una asistencia asidua a los esce-  el escritor se preguntaba en qué consiste su famosa genia-
            narios, y con piezas periodísticas en las que comentaba las   lidad),  se arrasaban por completo los criterios que  per-
            obras que más le habían interesado. Desde muy joven Var-  mitían juzgar una obra de arte. El éxito de las creaciones
            gas Llosa se convirtió en un espectador obstinado, atento   empezaba a depender de factores externos, como el escán-
            a las nuevas propuestas escénicas y a las corrientes teóricas   dalo, la propaganda, el mercado, la teoría o las supuestas
            e ideológicas que nutrían las vanguardias de los sesenta.   críticas, no del todo descifrables, que una obra hacía a los
            Con los años llegó a sentarse frente a los escenarios y las   males de la sociedad, pero desde luego no de la obra en sí
            pantallas unas cuatro o cinco veces por semana. Agotar las   ni la manera en que continuara o desafiara una tradición.
            carteleras de teatro y de cine, verlo todo de la misma forma   Sin ningún criterio y sin ningún referente que permitiera
            en que intentaba leerlo todo, no era un reto desagradable   emitir juicios sustentados, la impostura ganaba terreno a
            ni difícil. Menos aún si las exposiciones, las obras y las pe-  la dedicación y al genio {…}.
            lículas -también las exhibiciones de arte- se convertían en   Lo que sigue de aquí en adelante son las reflexiones
            el tema de las columnas que desde París o Londres escribía   maduradas a lo largo de una vida dedicada a la lectura de
            para los medios peruanos. La tercera, cuarta y quinta parte   novelas, a la contemplación del arte, del teatro y del cine.
            de este tomo dan cuenta de esa febril actividad como crí-  No solo el testimonio entusiasta de intensas horas de placer
            tico cultural, una faceta menos conocida en su trayectoria   o de digestiones felices después de haber leído o visto los
            intelectual, que sin embargo arroja interesantes reflexio-  frutos de la fantasía. También es una aproximación com-
            nes para entender la evolución estética e ideológica de las   prensiva a la condición humana, a su mundo subjetivo -sus
            sociedades occidentales {…}.                       valores, conflictos, deseos, anhelos y preocupaciones- y a la
                En cuanto al campo de las artes plásticas, su labor crí-  manera en que han dejado su huella en la historia. No sé si
            tica no ha sido menos ambiciosa ni constante. Los gran-  el futuro se pueda leer en la palma de la mano, en los pozos
            des genios individuales, esos creadores que alumbraron el   de café o en los arcanos del Tarot. El presente, en cambio,
            siglo  xx con su furia y descontento, atrajeron siempre su   y de esto no tengo dudas, se puede intuir en el fuego de la
            atención. Entre ellos Picasso, desde luego, un artista en el   imaginación. Y ni siquiera hace falta ser un mago o tener
            que Vargas Llosa admiró siempre su capacidad para rein-  poderes para ello. Basta -y este volumen lo demuestra- con
            ventarse, transgrediendo todos los estilos, incluso los que él   ser un lector y un espectador apasionado y crítico.
            mismo había inventado, sin por ello negar sus deudas con   *Nacido en Bogotá, en 1975, es doctor en antropología por la Universidad
            el pasado ni perder un hilo de continuidad con la tradición   Autónoma de Madrid y la Universidad de Berkeley. Ha publicado Delirio
            artística. Eso mismo fue lo que Vargas Llosa se propuso ha-  americano (2022) y otros libros de ensayos.
            cer en el campo literario. Vivir la turbulencia del siglo xx,     En la portada: Vargas Llosa en Londres, 2007. Foto de Fiorella Battistini.


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