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LA POESÍA DE JOSÉ RUIZ ROSAS




                 El poeta José Ruiz Rosas (Lima, 1928-2018) residió durante más de sesenta años en Arequipa,
            ciudad en la que se estableció desde muy joven debido al asma que lo aquejaba. En Arequipa fundó con
              su esposa la librería Trilce, centro de animación cultural en la década de 1960. Fue luego funcionario
                de la Casa de la Cultura, director de la filial de Instituto Nacional de Cultura y, más tarde, de la
                Biblioteca Municipal. Aunque su primer poemario, Sonetaje, se publicó en 1951, la aparición de
             Esa noche vacía (1967) y Urbe (1968) empezó a despertar en los círculos literarios el interés por su obra.
                «Caso insólito el de Ruiz Rosas -señaló entonces el crítico Jorge Cornejo Polar- salido a la luz tras
             largos años de trabajo en la sombra, de lenta maduración {…} para constituirse él mismo en una de las
                voces más personales de la poesía peruana de hoy». Entre sus libros figuran La sola palabra (1976),
             Arakné (1978) -serie de sonetos con dibujos de Cristina Gálvez-, Elogio de la danza (1980) -premiado en el
               Concurso Internacional de Poesía que convocó el Taller Coreográfico de la Universidad Nacional
              Autónoma de México- y Vecino de la muerte (1985). En 1990, la Universidad Nacional de San Agustín
               publicó su Poesía reunida. En 2008, la Academia Peruana de la Lengua lo incorporó como miembro
               correspondiente y, a manera de homenaje, el Gobierno Regional de Arequipa editó su Obra poética
              (2009). El poeta fue también distinguido por el Ministerio de Cultura como «Personalidad meritoria
              de la cultura peruana» y, en 2018, apareció en Madrid el volumen Inventario permanente. Poesía esencial
              (2018), con un estudio introductorio de Jorge Nájar. Al decir de Carlos Germán Belli, en la poesía de
              José Ruiz Rosas «todo viene como anillo al dedo, / pues de él es enjundiosa la palabra / o medida o
               libérrima, / que de su pluma brota como un río». Según Oswaldo Chanove, «el poder de su obra se
                explica gracias a una oreja cultivada por devotas lecturas de los clásicos, especialmente los del Siglo
                de Oro y -he aquí el elemento decisivo- una mirada vasta y profunda que, con un hábil manejo del
                idioma, nos revela lo que se oculta a nuestros ojos enceguecidos. Ya desde sus libros de juventud,
                       lo intransferible de su lenguaje alcanzó logros exclusivos de los poetas verdaderos».



                                                               TAREA de ser tuyo,
                                                               de ser más, todavía,
                                                               que las horas y horas
                                                               que pasan a tu lado.

                                                               Reconstruir la sombra
                                                               que juntos proyectábamos,
                                                               el calor de tu cuerpo,
                                                               la forma, la ternura.
                                                    Foto: Francine Tante    Ser así como locas

                                                               pavesas del recuerdo;
                                                               perdida la distancia,
                                                               la imagen hecha tacto.

                                                               Tarea de estar solo,
                                                               de inaugurarme siempre,
            VENADO silencioso, atolondrado,                    de caminar perfiles
            temeroso monarca estremecido,                      de montañas, contigo.
            ¿de qué mágicos bosques has venido
             tan nervioso, tan ágil, tan callado?
                                                               En Invocada presencIa, 1956
            Esos ojos de azul ilimitado
            donde hay un firmamento sumergido,
            ¿en qué noche de amor los has pulido,              HAY un montón de cosas,
            en qué temor los has agigantado?                   los semáforos, los hongos,
                                                               la mitad, los acuarios,
            ¿Por qué loca ilusión desvanecida                  el adentro de los humildes corazones,
            has huido en el alba desvelada,                    el eslabón, el horizonte, las grietas
            desbocado galope sin herida?                       y todo aquello
                                                               heroicamente ubicado para siempre.
            ¿En qué trágicas frondas emboscada
            ha quedado tu frente florecida,                    Repito, hay
            en qué rara mañana, sepultada?                     un montón de cosas que se nos clavan lentamente.

            En Sonetaje, 1951                                  En eSa noche vacía, 1967
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