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NICOMEDES SANTA CRUZ


                         Y LA EXPRESIÓN AFROPERUANA



               Entre las figuras de la llamada «generación del cincuenta» que tanto incidió en la renovación de la
              cultura peruana, sobresale el aporte de Nicomedes Santa Cruz Gamarra (Lima, 1925-Madrid, 1992).
              Nacido en una familia de destacadas personalidades, como su padre -quien había vivido de joven en
             Estados Unidos y era un conocido autor de obras costumbristas-, y sus hermanos Victoria, compositora
              y coreógrafa, y Rafael, torero, Nicomedes Santa Cruz trabajó inicialmente en una herrería hasta que,
             luego de un largo viaje por el Perú y otros países de la región, decidió dedicarse al arte y a la promoción
            y el estudio de las principales expresiones creativas que llevan la impronta afroperuana. Era ya un cultor
             de la décima, que había conocido por influjo de su madre -en especial la de «pie forzado», cuya cuarteta
             inicial condiciona el remate de las décimas sucesivas-, cuando debutó en Lima, en el Teatro Municipal,
                presentando «Estampas de Pancho Fierro» en el espectáculo Ritmo negro del Perú. En adelante, se
              convirtió en una figura especialmente carismática, que multiplicaba sus presentaciones, aparecía en
                programas radiales y televisivos, colaboraba en la prensa y realizaba giras dentro y fuera del Perú,
              difundiendo su obra y los valores que promovía. En 1980, se estableció en Madrid, donde trabajó en
               Radio Nacional de España hasta su fallecimiento. La madrileña Casa de América, a la que donó su
             biblioteca y sus vinilos, le rinde en estos días merecido homenaje, con una exposición biobibliográfica,
             donde pueden apreciarse sus libros y discos principales -como Gente morena (1957), Cumanana (1964),
              Octubre, mes morado (1964), Canto negro (1968), Los reyes del festejo (1971), Rimactampu. Rimas al Rímac
                (1972), Socabón (1975) o La décima en el Perú (1982)-, acompañados de fotos y materiales alusivos,
              reunidos por su hijo, Pedro Santa Cruz Castillo, y con textos escritos por Fernando Iwasaki, además
             de una serie de actos paralelos organizados por la cantante y musicóloga Mariella Köhn. Aquí, algunas
                     de sus décimas, que forman parte de sus Obras completas (2004), disponibles en línea.



            ritmos negros del perú
            Ritmos de la esclavitud
            contra amarguras y penas.
            Al compás de las cadenas
            ritmos negros del Perú.

            De África llegó mi abuela
            vestida con caracoles,
            la trajeron lo’españoles
            en un barco carabela.
            La marcaron con candela,                       Nicomes Santa Cruz en la Casona de San Marcos. Lima, años 60
            la carimba fue su cruz.
            Y en América del Sur                 en el trapiche de ron               a cocachos aprendí
            al golpe de sus dolores              -el negro cantó la zaña.            (o la escuelita)
            dieron los negros tambores           El machete y la guadaña
            ritmos de la esclavitud              curtió sus manos morenas;           A cocachos aprendí
                                                 y los indios con sus quenas         mi labor de colegial
            Por una moneda sola                  y el negro con tamborete            en el Colegio Fiscal
            la revendieron en Lima               cantaron su triste suerte           del barrio donde nací.
            y en la Hacienda «La Molina»         al compás de las cadenas.

            sirvió a la gente española.          Murieron los negros viejos          Tener primaria completa
            Con otros negros de Angola           pero entre la caña seca             era raro en mi niñez
            ganaron por sus faenas               se escucha su zamacueca             (nos sentábamos de a tres
            zancudos para sus venas              y el panalivio muy lejos.           en una sola carpeta).
            para dormir duro suelo               Y se escuchan los festejos          Yo creo que la palmeta
            y naíta’e consuelo                   que cantó en su juventud.           la inventaron para mí,
            contra amarguras y penas...          De Cañete a Tombuctú,               de la vez que una rompí
                                                 de Chancay a Mozambique             me apodaron «mano ’e fierro»,
            En la plantación de caña             llevan su claro repique             y por ser tan mataperro
            nació el triste socavón,             ritmos negros del Perú.             a cocachos aprendí.
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